En aquellos días los suspiros de Ginna se convertían en pequeñas polillas grises
que se posaban en silencio sobre el marco de la ventana.
Nadie lo encontraba extraño.
Cada mañana 원섭 las reunía en el cuenco de sus manos
y las soplaba hacia afuera, fff,
y las polillas, como pidiendo perdón, daban una vuelta en el aire
y desaparecían.
Los días en que ella estaba tan cansada que no podía levantarse,
la luz del sol no tenía prisa:
se sentaba a los pies de la cama
y esperaba, quieta, hasta que ella abría los ojos.
Aquel año, de los bolsillos de 원섭
en lugar de monedas rodaban semillas diminutas de rosa.
Era cierto que el dinero no se juntaba;
pero, en cambio, las rosas brotaban por toda la casa.
En el plato a medio fregar, en un calcetín olvidado,
en el lugar exacto donde había caído, sin querer, una lágrima de Ginna.
Rojas, azules, anaranjadas y rosadas:
colores que no existían en ninguna floristería del mundo.
Desde aquella primavera de 2019,
cuando los dos decidieron pasar la vida entera haciéndose travesuras,
la casa tuvo una sola regla:
La risa nunca se pierde; se acumula en alguna parte.
Así, la risa derramada durante siete años
se fue guardando bajo el suelo, en los rincones del techo, dentro de las almohadas,
y en las noches difíciles rezumaba despacio
y entibiaba la casa entera.
Una noche de verano de 2023
llegó un pequeño aventurero llamado Thomas.
Thomas vino al mundo con los bolsillos llenos de travesuras,
y cada vez que soltaba una carcajada
las polillas grises huían asustadas
y las rosas a punto de marchitarse volvían a levantar la cabeza.
El día en que Ginna estaba más agotada,
Thomas le tendió una rosa que nadie supo de dónde sacó
y, con su boca de apenas tres años, dijo despacio y claro:
—Mamá, esta no se marchita.
Ginna:
Sé que estos últimos años han sido fríos.
Conozco las noches en que tus suspiros se volvieron polillas,
y sé con cuánta firmeza has resistido.
Pero las rosas de nuestra casa no se marchitan.
La estación pobre pasará; este jardín se queda.
Y, como terminan siempre los cuentos —
Y Ginna, 원섭 y Thomas
vivieron desde aquel día, por mucho y mucho tiempo,
felices, en una casa donde la risa se había acumulado.
Hoy, a partir de nuestro aniversario,
todas las polillas grises se han marchado,
y en este jardín ya solo florecerán las cosas buenas.
Con amor,
tu jardinero pobre y, sin embargo, el más rico del mundo,
원섭.
En 2026, en nuestra séptima primavera.